Lo siento pero esto no tiene nada que ver con esa gran película.
Hace bastante tiempo que no escribo nada en el blog. Sé que
esto ya me ha pasado en más de una ocasión así que los que me sigan un poco más
pensaran: “Ya se ha vuelto a cansar”. Pues resulta que esta vez no es del todo
culpa mía. He intentado seguir el ritmo, con alguna reducción (me resulta
imposible ahora mismo subir un relato de cerca de dos mil palabras cada día),
pero que al menos un día a la semana hubiera un relato nuevo. El problema de
llevar un blog, es que para compartir mis historias necesito internet, y soy
una persona a la que le gusta hacer las cosas de una determinada manera. La
cantidad de veces que he tardado casi más en subir el relato a internet que en
escribirlo ha sido más que suficiente para que algún día no tenga ganas de
escribirlo.
Pero como no hay mal que por bien no venga, y como escribir
es una de las cosas que más me relajan, voy a relataros mi historia con esta
compañía de telefonía que lleva haciéndome la vida imposible desde hace unos
meses.
En mi familia los problemas empezaron mucho antes, pero de
aquí relataré solo los hechos más recientes.
Hace poco, aunque ahora me dé la impresión de que fue hace
siglos, estuve una temporada viviendo en Almería en lo que sería una de las
experiencias más gratificantes de mi vida. Allí tenía trabajo, grandes
amistades, y me sentía realizado. Pero no todo podía ser perfecto, ¿cómo iba a
serlo? Siempre hay cosas que se echan de menos cuando estás tan lejos de tu
hogar, familia, amigos, que en teoría actualmente tenemos mucho más cerca gracias
a internet. Pero para eso tienes que tener contratado este servicio. En un
primer momento, no podíamos contratarlo porque nos exigían un año de
permanencia. Teniendo en cuenta que nuestra estancia duraría entre tres y
cuatro meses, esto era impensable así que nos conformábamos con una antena de
internet móvil que nos proporcionaba un servicio más bien deficiente.
Poco después, llego a nuestra casa nuestro compañero de
piso. Como él si iba a quedarse en la casa podía permitirse esa permanencia y
comenzó los trámites para recibir este servicio.
Pasaron días. Al principio era algo normal, aunque nosotros
lo esperábamos con ansia. Después de un par de semanas, teniendo además el
dichoso aparato ya en casa, nos empezaba a mosquear que no dispusiéramos de
línea. Empezamos a llamarles, siempre sus respuestas eran similares “En un par
de días estará” “La semana que viene” acompañadas de alguna excusa. Tras dos
meses, en los que las excusas se les iban agotando, por fin recibimos la
respuesta definitiva. “No podemos ofrecerles nuestros servicios”. Dos meses
esperando para que nos digan que no.
Al final contratamos internet con otra compañía que tardó
menos de una semana. Pero para mí ya era tarde, nos volvíamos a casa, al menos
mi amigo dejaría de darse de cabezazos contra la pared esperando su respuesta.
Pero la cosa no termina ahí, ojala fuera tan simple. Al
volver a casa, donde tenemos contratada la línea con la misma compañía, me
encuentro que nuestra relación no estaba siendo muy amena. Mientras que teníamos
contratados cinco o seis megas (no recuerdo exactamente) en mi ordenador la
velocidad es de 0’20. Algo que no me permite ni siquiera navegar en las páginas
más simples sin tener que esperar cinco minutos para que me cargue una imagen,
descargar un parche para un programa resulta infernal, subir un archivo de
cualquier tipo a internet es agónico, y la realización de un máster online es
una autentica proeza.
Como no podía ser de otra manera, dada estas condiciones
llamamos a la atención al cliente de dicha compañía. Tras contarles nuestros
problemas nos dijeron que la culpa era del router, que estaba defectuoso o
dañado. La solución era fácil, mandarnos uno nuevo.
Realizaron el envío del aparato y llegó con diligencia en el
plazo que nos habían dicho, entre cinco y siete días. Habría sido espectacular,
si no fuera porque se confundieron de casa. Lo recibió mi hermano en Barcelona,
resulta que como su línea está unida a la nuestra tuvieron el error aunque les
dijimos que era para nuestra dirección en Alba de Tormes. Fue un error del que
nos reímos y les pedimos que volvieran a mandarlo, esta vez asegurando la
dirección.
Esperamos, esperamos y esperamos pero no daban señales de
vida. Volvimos a llamar y nos comentan que no se termino de tramitar el envío.
Esta vez empieza a hacernos un poco menos de gracia el asunto.
Como esta parte es un poco repetitiva haré un resumen muy
breve. En Barcelona habían llegado cinco router, alguno no llegaron a
entregarlo pero por allí pasó, y en mi casa aun estábamos esperando uno.
Obviamente esto ya era molesto, crispante, parecía que se
estaban riendo de nosotros o que era un programa de cámara oculta.
Pero todo lo malo llega a su final. Por fin llegó el dichoso
aparatito. Parecía que me hubiese tocado la lotería, era algo que no esperaba
que me fuese a pasar nunca. Abrí la caja. Allí estaba esperándome el cacharro
blanco y naranja. Le conecté el cable de alimentación, siguiendo las
instrucciones no ser que ahora el que metiera la pata fuera yo. Pulse el botón
de encendido.
Y nada.
No hizo absolutamente nada. Ni siquiera se encendió una
mísera luz, ni un ruido, ni una “Bada bam” para acompañar el ingenioso chiste
que nos acababan de contar. Teníamos un pisapapeles de diseño. Intento todo lo
que se me ocurría, lo enchufo en todas partes, lo desconecto y vuelvo a
conectar, vuelvo a probar, pero el aparato está completamente muerto. Pruebo a
conectar también el cable de teléfono por si acaso hay que conectar los dos,
pero sigue sin responder. Me reí, me reí hasta que las risas se convirtieron en
una gran frustración.
Es en ese momento, en ese instante, cuando me di cuenta de
que el pisapapeles no era nuevo. Tenía las aristas sucias, una de las esquinas
abolladas, sin olvidar que no tenía ningún plástico protector. Era una basura
usada y defectuosa que no servía para nada.
Llamamos al servicio técnico, esperando que nos den una solución.
Vuelven a hacernos comprobar si funciona, pero como ya he dicho, estaba muerto.
Y la solución es que nos van a mandar un router nuevo, a ver si esta vez nos
llega uno que funcione.
Esa es la historia, y ahora estoy esperando a que la
conexión vuelva, para hacer una cuantas cosas que tengo pendientes y para subir
esta pequeña historia.
Un saludo.
P.D. Esta publicación se ha realizado desde la casa de Sonsoles, ya que desde la de Omar le resulta imposible.

