Hoy traigo un nuevo relato. Esta vez el relato va dedicado a Luis y la verdad es que estoy bastante contento con el resultado. Espero que os guste.
Las palabras son: Esquizofrenia, amor, tiempo y universo. Que lo disfrutéis.
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La nave temblaba, el acero vibraba más a cada metro que
recorrían, pero aguantaría, atravesar la atmosfera de un planeta siempre era
igual y ella lo sabía bien. Zadaya empezó a pulsar los botones del monitor para
preparar el aterrizaje, por desgracia para ella, era la única que sabía cómo
pilotar.
Finalmente el temblor se detuvo y el resto del descenso fue
mucho más suave. Dejó los mandos, el piloto automático se ocuparía del resto, y
se dedicó a mirar hacia el horizonte.
-Es precioso.- Dijo Lasney. La capitana miró hacia su
compañera y esbozó una amplia sonrisa. No hacía mucho que conocía a la joven,
desde hacía unos meses cuando la rescató de unos esclavistas. Quien sabe lo que
habrían hecho si no hubiese llegado a tiempo.
Ante ellos estaba uno de los mundos más coloridos que había
visitado. No había dos plantas del mismo color, incluso las nubes en el cielo
variaban su tonalidades a cada segundo. Aterrizaron en un claro junto a un lago
de color morado. Cuando el vehículo se posó en la tierra un montón de criaturas
salieron volando en todas direcciones y cuando batían sus alas llenaban el
cielo de un brillo dorado. Lasney salió corriendo de la nave en cuanto se lo
permitieron y se quedó pasmada señalando en todas direcciones. Zadaya la miraba
con una amplia sonrisa en los labios, sabía que su compañera no había podido
disfrutar de la vida. Recordaba cuando era como ella, cuando al visitar un
mundo nuevo pensaba que era una alucinación. En su planeta, hacía ya décadas,
si alguien hablaba de cosas así le decían que tenía esquizofrenia. Pero ahora
ya todos conocían la verdad que se ocultaba más allá de las estrellas, y el
universo les parecía mucho más pequeño.
-No hemos venido a disfrutar del paisaje.- Comentaba Ghen
apoyado sobre el equipo que tenían que descargar. Era un hombre robusto, sin
duda el más fuerte de toda la nave, y también el más serio. Se trataba de su
compañero más antiguo, le conoció en el primer trabajo que le mandaron, desde
entonces ambos tenían una deuda de vida con el otro.
-Déjala tranquila, dentro de poco no podrá disfrutar nada de
este lugar.- La capitana se acercó a su compañero y le sonrió.- Ya bajo yo lo
que haga falta, tú siempre acabas cogiendo de más y tenemos que movernos
rápido.
-Como ordenes, jefa.
El enorme hombre se fue con el resto de la tripulación,
seguramente para hacerlos trabajar, eran buenos compañeros pero necesitaban un
empujón para empezar a hacer lo que debían. Ella se quedó mirando a las
personas que consideraba su familia. Parecía mentira que fueran tantos, cuando
empezó a viajar eran solo dos, y en ese momento veía a casi una veintena de
hombres y mujeres por los que daría su vida. Todos eran humanos, aunque eso
causaba que otras razas la tildaran de racista, pero no era su culpa que en la
mitad de sus trabajos se encontrara con alguien de su raza que necesitaba
ayuda.
Una palmada en su espalda la sacó de su ensimismamiento. Se
giró y vio al pequeño Steven, un niño de apenas ocho años al que encontró en un
campo de trabajo durante su incursión en la tercera luna de Ezir. Por desgracia
no llegó a tiempo y cuando le encontró ya le habían seccionado las cuerdas
vocales. Aun así parecía feliz. Al principio había pensado en dejarle en algún
sitio donde estuviera a salvo pero él parecía preferir seguir con ellos. Además
sus habilidades como rastreador eran insuperables.
-¿Qué ocurre?
El chico empezó a mover las manos. Habían inventado un
lenguaje de signos para poder comunicarse con él, los nuevos que llegaban a la
nave tenían ciertos problemas pero Zadaya podía entenderle perfectamente.
-Así que nuestro objetivo está cerca.- Soltó una pequeña
carcajada que el niño contestó con una amplia sonrisa.- ¡Es hora de que empiece
la fiesta!
Se acercó a una caja sobre la que descansaba su chaleco
rojo. Se lo puso y sintió el peso de los artilugios que guardaba en los
múltiples bolsillos ocultos. Recogió su
larga melena rubia en una coleta e indicó a cuatro de sus hombres que la
siguieran, el resto vigilaría la nave y esperaría a su regreso.
Efectivamente no avanzaron ni cincuenta metros cuando
encontraron su objetivo descansando entre los árboles. Cada respiración de
aquella criatura hacía temblar todo cuanto había a su alrededor. Estaba
dormido, pero mantenía uno de sus veinte ojos abierto. La capitana tragó saliva,
sabía que los Serpicar eran enormes, pero aquel era el más grande con el que se
había encontrado, ni siquiera sabía cómo iba a cargar su cabeza en la nave.
Pero tenía que hacerlo o no cobraría, aunque lo principal era acabar con él.
Esos seres eran parásitos inmensos, llegaban a un planeta volando pues tenían
la capacidad de viajar por el espacio y cuando llegaban se alimentaban de él
hasta que no quedaba nada con vida.
-Jefa, igual deberíamos retirarnos.- Susurró Matt, era su
mejor tirador pero también era un cobarde.
-No digas tonterías, no podemos permitir que destroce un
planeta tan bonito como este.- Respondió Lasney sin dudar.
-Tiene razón.- Zadaya miró a su alrededor.- Esto es lo que
haremos. Matt, tu súbete a ese árbol. Me cubrirás desde
ahí. Ghen y Lasney iréis por los flancos para herirle en las patas, son tres
para cada uno. Yo iré de frente en cuanto vea una apertura y le haré explotar
el cuello. Tened mucho cuidado.
Asintieron y marcharon a sus puestos. Ella esperó con
paciencia a que todo empezara.
Sus compañeros iniciaron el plan sin pensárselo dos veces.
La antaño esclava sacó dos dagas vibrantes, un arma capaz de cortar casi
cualquier cosa, y empezó a hacer cortes en las patas del monstruo mientras Ghen
asestaba golpes con un mazo de pulso en las otras extremidades.
Pero ese ser ni se inmutaba. Ni siquiera parecían hacerle
cosquillas.- “Maldición, ya se ha alimentado demasiado.”- Pensaba ella, estaba
claro que tendría que entrar en acción antes de lo previsto.
Salió del árbol con un explosivo en cada mano, si el
objetivo seguía sin responder podría llegar a detonarle las cargas antes de que
despertara. Un rugido ensordecedor la paralizó en cuanto salió de su escondite.
El antes impasible ser ahora la miraba con todos sus ojos. Se empezó a poner de
pie, por poco aplasta a sus dos atacantes cuando apoyó sus inmensas patas en el
suelo. Movió su cuello de un lado a otro, con un baile hipnótico, mientras sus
tres colas golpeaban contra los arboles de su alrededor. Se colocó en guardia y
en su espalda surgieron cientos de púas de las que goteaba un extraño líquido
azul.
-Maldición.- El Serpicar avanzó hacia ella a largas
zancadas. Desde los árboles surgieron disparos, intentando ayudarla a huir,
pero no eran capaces de perforar la gruesa piel. Zadaya pulsó su cinturón y una
cuerda salió disparada desde su chaleco hasta engancharse en un árbol.- ¡Coge
esto Lasney!- Mientras pasaba por los pelos sobre la cabeza del monstruo lanzó
uno de los explosivos hacia su amiga.
La carga cayó al suelo sin que la chica pudiera siquiera
tocarlos. Al impactar provocó una gran explosión.
-¡Lasney!- El grito de la mujer fue ensordecedor. El fuego
morado provocado por el plasma prácticamente había incinerado una de las colas
del inmenso ser y parecía no haber dejado rastro de la chica.
La criatura se retorcía de dolor, golpeando todo cuanto
encontraba a su paso.
Llena de ira, Zadaya saltó sobre el lomo, a media espalda
del Serpicar. Tardó en ser consciente de que si hubiera caído sobre una de las
púas habría muerto. No tenía tiempo que perder ya que no iba a aguantar mucho
ahí. Se dirigió hacia el cuello mientras desenfundaba su pistola. Puede que los
disparos de Matt resultaran inútiles, pero sin duda uno a bocajarro de su arma
haría suficiente daño. Cuando llegó se aferró con todas sus fuerzas a la piel
rugosa y apoyó el cañón. De sus labios brotó un autentico rugido mientras
apretaba el gatillo. Sintió las lágrimas caer por su rostro, debía vengar a su
amiga.
El disparo fue suficiente para hacer una pequeña herida en
la piel, no era gran cosa pero sería suficiente.
Agarró el último explosivo que le quedaba y lo metió dentro
de la herida con un fuerte golpe. Saltó de la espalda y rodó por el suelo
cubriéndose la cabeza con ambos brazos.
La explosión fue aun mayor que la anterior.
Tardó unos momentos en abrir los ojos. Lo primero que vio
fue el cuerpo destrozado de la criatura, y lo que quedaba de la cabeza alejada
del torso.
Lo habían conseguido, pero a qué precio.
-¡Zadaya!- La voz de Lasney resonó a lo lejos.
La capitana miró a su alrededor con ansiedad. ¿Cómo había
sobrevivido? Estaba tan sorprendida que ni siquiera era capaz de gritar para
llamarla.
Cuando sus ojos se encontraron con ella la sorpresa fue aún
mayor. La chica estaba herida pero no era nada grave y junto a ella estaban
Ghen, Matt y otro chico al que conocía muy bien.
-¿Hermano?- Preguntó ella cuando ya les vio de cerca. Hacía
años que no veía a su Zeden, desde que abandonaron la tierra.- Pensaba que
habías muerto.
-Pues deberías dar gracias a que no.- El joven soltó una
carcajada.- De ser así no habría podido salvar a tu preciosa amiga.
-Te…tenemos mucho de lo que hablar. Pero aquí no. Vamos a mi
nave.
Recogieron los restos suficientes de la criatura para cobrar
la recompensa, los cargaron y partieron rumbo a Urk, donde cobrarían la
recompensa.
Por el camino Zeden les contó todo. Había tenido una vida
similar a la de su hermana. Cuando la nave en la que les estaban evacuando de
la tierra fue destruida le recogieron unos contrabandistas y cuidaron de él.
Era increíble que le hubiera ocurrido lo mismo que a ella y más aun que se
hubieran encontrado.
No pudo esbozar una sonrisa mientras escuchaba la historia.
Cuando era pequeña siempre pensó que el amor que sentía hacia su familia haría
que se reencontraran, pero cuando creció perdió la esperanza.
Llegaron al planeta y entregaron el pedido. Blorg les
recibió como siempre con una expresión impasible, en su raza eran incapaces de
expresar los sentimientos lo que les hacía unos duros negociadores.
-¿Quién es esa?- Preguntó un pequeño ser que estaba sentado
en la mesa después de que Zadaya se fuera con su recompensa.- Siempre la veo
sola por aquí.
-Esa es Zadaya.- Contestó el inmenso Zurbiano sin dejar de
mirarla.- La última humana. Cuando intentaron evacuar la tierra fue la única
superviviente.

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