miércoles, 28 de junio de 2017

Ornitorrinco

Hola a todos.

Hoy voy a publicar el primero de una serie de relatos que se alargara mientras queráis colaborar. Como ya puse en el Facebook, el que quiera puede darme cuatro palabras y con esas palabras tengo que inventarme un relato que tendrá un mínimo de 500 palabras. La historia irá dedicada a la persona que me dio las palabras de ese día. 

También podéis seguir dejándome las cuatro palabras en un comentario aquí o en el Facebook para que tarde o temprano haga un relato con ellas.

El relato de hoy va dedicado a Floren, un gran compañero que ha sido el primero en querer ayudarme con este proyecto.

Las palabras son: Cerveza, dildo, ornitorrinco y astronauta. La verdad es que no me lo has puesto nada fácil y obviamente me ha salido una historia bastante rara. Pero espero que te guste, a ti y a todos los que la leáis.

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El sonido del teléfono atraviesa mis oídos como si fuera un taladro, mientras tanto mi cabeza lucha por recomponerse. ¿Dónde estoy? ¿Cómo he llegado hasta ahí?

Me incorporo con dificultad en la cama, entonces soy consciente de que estoy en una habitación de hotel y no en mi casa. Lo más impactante de todo es que, junto a mi mano izquierda, hay un objeto alargado de color negro con una espiral dorada grabada a su alrededor. Tardo unos segundos pero finalmente soy consciente de que es un dildo. ¡¿Por qué tengo un consolador en mi mano?!

Es demasiado para procesar en muy poco tiempo. El teléfono sigue sonando, parece que no va a darme tregua. Estiro el brazo, es como si pesara una tonelada, para finalmente descolgarlo.

-Quedamos en el astronauta.- Contesta una voz de mujer. No muestra ninguna emoción en su afirmación, tampoco hay signo de duda. Simplemente dijo eso y colgó sin darme tiempo a preguntar quién es. La voz me resulta familiar, es una voz que, pese a la rudeza que pretende mostrar, no puede ocultar una gran amabilidad y dulzura.

No entiendo nada, no sé de qué demonios está hablando y tampoco comprendo a que se refiere con un astronauta. Tengo que encontrarme antes de que todo se vuelva más raro, si es posible, e intentar recordar que hago aquí.

Lo primero que tengo que hacer es descubrir donde estoy. Me levanto de la cama, dios mío cualquier movimiento parece que va a ser el último que haga, y me dirijo hacia la ventana. Es amplia, rodeada por cortinas de un color amarillo claro, casi blanco, y no muy tupidas. Lo justo para no poder ver a través de ellas. Corro las cortinas y el sol me golpea de manera inclemente en los ojos. El dolor punzante me recuerda al de la resaca, pero he tenido suficientes para saber que esto era algo diferente. Mis ojos se acomodan a la luz y cuando vuelvo a mirar veo una calle con edificios marrones, con un toque rosado. Me es imposible no reconocer esta calle, estas paredes. Es el lugar donde me crié, donde pasé la mayor parte de mi juventud, donde estuve hasta que la vida decidió arrastrarme fuera para encontrar mi futuro.

Estoy en Salamanca. En mi hogar del pasado.

Palidezco al instante. Es imposible que esté aquí. Lo último que recuerdo es que ayer estaba dirigiéndome a un bar en Alicante. Intento pensar, recordar, pero cuanto más me esfuerzo más me cuesta recordar. Solo pasan por mi cabeza imágenes sin sentido. Un bar, una chica con el pelo rubio, unos ojos, claros como el agua, rodeados de lágrimas, una cerveza y el mundo se vuelve negro. No puedo haber bebido tanto como para haber acabado así.

Necesito respuestas.

Me visto, al menos mi ropa si es la que recuerdo. Unos pantalones vaqueros y una camiseta roja con unas letras naranja que ni siquiera entiendo lo que dicen.

Salgo del hotel a toda prisa. Al menos ahora se a que se refiere con el astronauta. Es increíble, pero la diferencia entre saber donde estas o no puede ser enorme a la hora de recibir indicaciones.

Llego hasta la fachada de la catedral. La verdad es que cuando vivía aquí nunca me pareció gran cosa. Solo un edificio grande que está en todo el medio, con la misma piedra de la que se hacen las cosas aquí. Pero, después de mucho tiempo sin pisar por estas tierras, las cosas se miran de manera diferente. Ahora la miro y entiendo por qué la gente viene desde fuera a ver un edificio grande. Subo las escaleras deprisa, no veo a nadie, y empiezo a agobiarme por si he entendido mal las palabras de la chica. Supongo que se tratara de la mujer rubia con la que estuve ayer. Doy los últimos pasos hasta la puerta y finalmente me encuentro ante el marco lleno de figuras en relieve. Mis dedos se estiran hasta tocar una que siempre llamo mi atención, y la de todos los que pisaban aquella entrada. El astronauta. Ver una figura tan moderna en una construcción del…bueno… la verdad es que no sé cuando se construyo. Me avergüenza decir que nunca fui muy bueno con la historia. Saco mi móvil y empiezo a buscar en que época fue, intentando quitarme el nerviosismo.

-Has venido.- Me sobresalta una voz, sacándome de mi ensimismamiento. Me giro tan rápido que mi móvil casi se me escurre y sale volando. Ahí está ella, la mujer que recordaba, pero ahora que podía verla con más claridad mi sorpresa era aun mayor. Era Claudia, mi ex novia. Hace ya diez años que rompimos, cuando cumplí los veinte y decidí irme a buscar mi suerte lejos de esta ciudad. Antes de eso habíamos estado juntos casi desde que tengo uso de razón. Dejarla había sido lo más difícil que había hecho en mi vida.- Me alegro de verte Nan.  

Mi nombre es Fernando, pero mi grupo de amigos en aquella época siempre me llamaron Nan. 
Éramos jóvenes, y demasiados vagos para pronunciar más de tres letras.

-¿Qué estás haciendo aquí? Bueno, creo que esa no es la pregunta. ¿Qué estamos haciendo?- No podía tener miramientos en una situación así, ella sabía que había pasado y yo la verdad es que cada vez estaba más nervioso. Ella se acariciaba un mechón de su larga melena rubia, aunque cuando yo la conocí era tan negra como la noche, se notaba que también estaba nerviosa. Miraba a su alrededor sin parar y parecía que algo la impidiera hablar.- ¿No vas a decírmelo?

-¿Te importa si lo hablamos en otra parte?

-Si.- Se que estoy siendo tajante, aun así no dejo que sus ojos azules me hagan retractarme.- Dime que está pasando.

Ella suspira, yo contengo la respiración. Sin decir nada se coloca a mi lado y mira hacia la fachada, por un momento me da la impresión de que me está ignorando.

-Este lugar oculta más misterios de los que la gente quiere creer.- Empieza a decir justo cuando voy a volver a apremiarla en busca de una respuesta.- ¿Sabes por qué hay un astronauta aquí?

-Imagino que algún escultor gracioso pensó que quedaría bien.- Contesto sin pensar.- Pero eso no tiene nada que ver con esto.

-Lo tiene todo que ver. El astronauta y el ornitorrinco.

Otro silencio se abre entre nosotros, como si la tierra se abriera distanciándonos cada vez más. Ella me mira a los ojos queriendo mostrarme su sinceridad, pero yo solo veo que se está riendo de mí.

-Te lo explicare rápido. Pero no te vayas.- Vuelve a hablar al ver que estoy a punto de dejarla ahí tirada sin ningún miramiento.- ¿Sabes que es un ornitorrinco? Bueno, claro que lo sabes. ¿Pero sabes porque son tan especiales?

-Yo que sé. ¡No me importa!- Mi paciencia está al límite y estoy a punto de gritarle una serie de cosas que no debería decirle a nadie. Pero ella se mantiene firme, solo me mira a los ojos y sin saber por qué vuelvo a estar metido en su juego. Siempre tuvo esa capacidad.- No sé, porque tiene pico y no es un ave.- Claudia sonríe, no sé si se ríe de mi o es que he acertado.

-Algo así, pero mucho más. El ornitorrinco es un mamífero, sin embargo tiene pico y patas como un pato. Además nace de huevos, algo que no ocurre con otros mamíferos. Por si eso fuera poco son unos grandes cazadores pero solo submarinos ya que tienen  unos sensores eléctricos en el pico. Y también son muy venenosos por un aguijón que tienen en las patas.

-Gracias por la clase de biología. Si, son unos bichos súper raros.

-Eso creía yo. Por eso me dediqué a investigarlos. Descubrí cosas asombrosas sobre ellos, como que son una de las especies más adaptables que existen.- Mira una vez más a su alrededor, entonces soy consciente de que va a decirme lo que importa de verdad.- Mi abuelo también se había dedicado a investigarlos y participó en un proyecto en Estados Unidos durante la Guerra Fría en que se llevó uno al espacio para ver cómo reaccionaba. Yo he terminado su proyecto de investigación con los restos de ADN que quedaban de ese animal y he descubierto que en esa sangre modificada está la clave para curar todas las enfermedades, o provocarlas, incluso quien sabe podría llegarse a la inmortalidad.

Me suelta todo eso sin darme tiempo siquiera a digerirlo. ¿En serio espera que me lo crea? Durante unos momentos mi cuerpo no se mueve, esperando que me diga que todo se trata de una broma. Ni siquiera me ha explicado que tiene todo esto que ver con que yo esté aquí.

-Anda y vete a cagar.- Contesto sin miramientos.

-¡Es la verdad!- Vuelvo a ver las lagrimas en sus ojos.- Unos hombres han descubierto mis investigaciones y no pararán hasta que las tengan. Por eso ideamos este plan, tú y yo, para protegerlo aunque te costara tus recuerdos a corto plazo. Te di el ADN del ornitorrinco y lo ocultamos en un sitio donde nunca mirarán.

Miro hacia mi pantalón y me acuerdo de que antes de irme del hotel he guardado el dildo que tenía, la verdad es que no sé ni por qué lo he hecho. Después mis ojos se encuentran con los de Claudia y lo único que quiero es decirle que se vaya, que quiero volver a mi casa. No tengo un gran trabajo, no tengo familia, pero tengo toda mi vida en Alicante y no entiendo por qué me han sacado de ahí para gastarme esta broma de mal gusto.

Niego con la cabeza.

Mi mundo da vueltas.

-Mira Claudia, si esta es una venganza por lo que te hice, te has pasado.

Me doy la vuelta y ella niega, noto como las palabras se le atragantan. Al principio creo que es que no quiere que me vaya, luego siento un fuerte golpe en la cara que duele como un infierno durante los pocos segundos que mantengo la consciencia.

No sé cuánto tiempo ha pasado pero me despierto, mi cabeza duele como un infierno. Miro a mí alrededor y veo un grupo de diez hombres trajeados, tienen a Claudia amenazada con una pistola.

¡La hostia! En serio, ¿todo esto es verdad?

Estamos debajo de un puente, supongo que en las afueras, y me parece que van a matarnos.

-Espabila.- Ordena el hombre que parece el líder, un tipejo bajito, bastante mayor y con gafas de sol redondas de cristales pequeños.- Te voy a explicar la situación con brevedad y tu vas a contestar si vas a colaborar o no. Si no colaboras mataremos a la chica.

Me pongo de rodillas. Todo da vueltas. Yo solo quería estar en mi casa, tranquilamente, me da igual lo que le ocurra a toda esta gente o a la sangre de un animal raro.

-Tienes dos opciones: Dame la sangre del ornitorrinco y te haremos olvidar todo lo que ha pasado; o niégate y moriréis. ¿Qué pre…

-Te la daré.- Contesto cortándole bruscamente. El hombre se sorprende bastante mientras yo busco entre mi ropa el dildo. Lo coloco delante de él.- No sé cómo pero está aquí guardado. Cogedlo y haced lo que queráis yo no quiero tener nada que ver en esto.

El jefe sonríe y sus hombres parecen relajarse un poco. Le hace un gesto a uno de ellos que se va hacia un coche. Sé que soy un cobarde y que puede que nos maten ahora pero lo único que quiero es sobrevivir y volver a mi vida normal.

El hombre vuelve con una lata de cerveza. Eso no me lo esperaba.

-Tomate esto.- Me indica con calma. Yo trago saliva, no sé si será veneno pero si no me lo tomo moriré de todas formas. Bebo a grandes tragos sin siquiera pensarlo, toda la lata de un tirón. El efecto es automático, se me sube a la cabeza tan rápido que acabo en el suelo de golpe.- Perderás todos los recuerdos de este día, y te parecerá que tuviste una gran borrachera. No volverás a saber de nosotros.

Mi cabeza ya está dando vueltas. Dirijo mi mirada hacia Claudia, siento mucho haberla decepcionado pero yo no estoy hecho para estas cosas. Sus ojos están fijos en mí, la sueltan antes de irse. Parece que no van a hacerle nada después de todo, menos mal. Todo se vuelve borroso, pero lo último que veo antes de perder el conocimiento es una sonrisa en sus labios.

No lo entiendo.

Intento mantenerme consciente, quiero saber por qué sonríe cuando he hecho justo lo que ella no quería que pasara. Dijo que me había dado el ADN y que estaba donde nunca lo encontrarían.

¿No estaba en el Dildo?

Finalmente solo queda oscuridad.

Supongo que nunca lo sabré.

El sonido del teléfono atraviesa mis oídos como si fuera un taladro, mientras tanto mi cabeza lucha por recomponerse. ¿Dónde estoy? ¿Cómo he llegado hasta ahí?



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