Hoy voy a publicar el primero de una serie de relatos que se alargara mientras queráis colaborar. Como ya puse en el Facebook, el que quiera puede darme cuatro palabras y con esas palabras tengo que inventarme un relato que tendrá un mínimo de 500 palabras. La historia irá dedicada a la persona que me dio las palabras de ese día.
También podéis seguir dejándome las cuatro palabras en un comentario aquí o en el Facebook para que tarde o temprano haga un relato con ellas.
El relato de hoy va dedicado a Floren, un gran compañero que ha sido el primero en querer ayudarme con este proyecto.
Las palabras son: Cerveza, dildo, ornitorrinco y astronauta. La verdad es que no me lo has puesto nada fácil y obviamente me ha salido una historia bastante rara. Pero espero que te guste, a ti y a todos los que la leáis.
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Las palabras son: Cerveza, dildo, ornitorrinco y astronauta. La verdad es que no me lo has puesto nada fácil y obviamente me ha salido una historia bastante rara. Pero espero que te guste, a ti y a todos los que la leáis.
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El sonido del teléfono atraviesa mis oídos como si fuera un
taladro, mientras tanto mi cabeza lucha por recomponerse. ¿Dónde estoy? ¿Cómo he
llegado hasta ahí?
Me incorporo con dificultad en la cama, entonces soy
consciente de que estoy en una habitación de hotel y no en mi casa. Lo más
impactante de todo es que, junto a mi mano izquierda, hay un objeto alargado de
color negro con una espiral dorada grabada a su alrededor. Tardo unos segundos
pero finalmente soy consciente de que es un dildo. ¡¿Por qué tengo un
consolador en mi mano?!
Es demasiado para procesar en muy poco tiempo. El teléfono sigue
sonando, parece que no va a darme tregua. Estiro el brazo, es como si pesara
una tonelada, para finalmente descolgarlo.
-Quedamos en el astronauta.- Contesta una voz de mujer. No
muestra ninguna emoción en su afirmación, tampoco hay signo de duda.
Simplemente dijo eso y colgó sin darme tiempo a preguntar quién es. La voz me
resulta familiar, es una voz que, pese a la rudeza que pretende mostrar, no
puede ocultar una gran amabilidad y dulzura.
No entiendo nada, no sé de qué demonios está hablando y
tampoco comprendo a que se refiere con un astronauta. Tengo que encontrarme
antes de que todo se vuelva más raro, si es posible, e intentar recordar que
hago aquí.
Lo primero que tengo que hacer es descubrir donde estoy. Me
levanto de la cama, dios mío cualquier movimiento parece que va a ser el último
que haga, y me dirijo hacia la ventana. Es amplia, rodeada por cortinas de un
color amarillo claro, casi blanco, y no muy tupidas. Lo justo para no poder ver
a través de ellas. Corro las cortinas y el sol me golpea de manera inclemente
en los ojos. El dolor punzante me recuerda al de la resaca, pero he tenido
suficientes para saber que esto era algo diferente. Mis ojos se acomodan a la
luz y cuando vuelvo a mirar veo una calle con edificios marrones, con un toque
rosado. Me es imposible no reconocer esta calle, estas paredes. Es el lugar
donde me crié, donde pasé la mayor parte de mi juventud, donde estuve hasta que
la vida decidió arrastrarme fuera para encontrar mi futuro.
Estoy en Salamanca. En mi hogar del pasado.
Palidezco al instante. Es imposible que esté aquí. Lo último
que recuerdo es que ayer estaba dirigiéndome a un bar en Alicante. Intento
pensar, recordar, pero cuanto más me esfuerzo más me cuesta recordar. Solo
pasan por mi cabeza imágenes sin sentido. Un bar, una chica con el pelo rubio,
unos ojos, claros como el agua, rodeados de lágrimas, una cerveza y el mundo se
vuelve negro. No puedo haber bebido tanto como para haber acabado así.
Necesito respuestas.
Me visto, al menos mi ropa si es la que recuerdo. Unos
pantalones vaqueros y una camiseta roja con unas letras naranja que ni siquiera
entiendo lo que dicen.
Salgo del hotel a toda prisa. Al menos ahora se a que se
refiere con el astronauta. Es increíble, pero la diferencia entre saber donde
estas o no puede ser enorme a la hora de recibir indicaciones.
Llego hasta la fachada de la catedral. La verdad es que
cuando vivía aquí nunca me pareció gran cosa. Solo un edificio grande que está
en todo el medio, con la misma piedra de la que se hacen las cosas aquí. Pero, después
de mucho tiempo sin pisar por estas tierras, las cosas se miran de manera
diferente. Ahora la miro y entiendo por qué la gente viene desde fuera a ver un
edificio grande. Subo las escaleras deprisa, no veo a nadie, y empiezo a
agobiarme por si he entendido mal las palabras de la chica. Supongo que se
tratara de la mujer rubia con la que estuve ayer. Doy los últimos pasos hasta
la puerta y finalmente me encuentro ante el marco lleno de figuras en relieve.
Mis dedos se estiran hasta tocar una que siempre llamo mi atención, y la de
todos los que pisaban aquella entrada. El astronauta. Ver una figura tan
moderna en una construcción del…bueno… la verdad es que no sé cuando se
construyo. Me avergüenza decir que nunca fui muy bueno con la historia. Saco mi
móvil y empiezo a buscar en que época fue, intentando quitarme el nerviosismo.
-Has venido.- Me sobresalta una voz, sacándome de mi ensimismamiento.
Me giro tan rápido que mi móvil casi se me escurre y sale volando. Ahí está
ella, la mujer que recordaba, pero ahora que podía verla con más claridad mi
sorpresa era aun mayor. Era Claudia, mi ex novia. Hace ya diez años que
rompimos, cuando cumplí los veinte y decidí irme a buscar mi suerte lejos de
esta ciudad. Antes de eso habíamos estado juntos casi desde que tengo uso de
razón. Dejarla había sido lo más difícil que había hecho en mi vida.- Me alegro
de verte Nan.
Mi nombre es Fernando, pero mi grupo de amigos en aquella
época siempre me llamaron Nan.
Éramos jóvenes, y demasiados vagos para
pronunciar más de tres letras.
-¿Qué estás haciendo aquí? Bueno, creo que esa no es la
pregunta. ¿Qué estamos haciendo?- No podía tener miramientos en una situación
así, ella sabía que había pasado y yo la verdad es que cada vez estaba más
nervioso. Ella se acariciaba un mechón de su larga melena rubia, aunque cuando
yo la conocí era tan negra como la noche, se notaba que también estaba
nerviosa. Miraba a su alrededor sin parar y parecía que algo la impidiera
hablar.- ¿No vas a decírmelo?
-¿Te importa si lo hablamos en otra parte?
-Si.- Se que estoy siendo tajante, aun así no dejo que sus
ojos azules me hagan retractarme.- Dime que está pasando.
Ella suspira, yo contengo la respiración. Sin decir nada se
coloca a mi lado y mira hacia la fachada, por un momento me da la impresión de
que me está ignorando.
-Este lugar oculta más misterios de los que la gente quiere
creer.- Empieza a decir justo cuando voy a volver a apremiarla en busca de una
respuesta.- ¿Sabes por qué hay un astronauta aquí?
-Imagino que algún escultor gracioso pensó que quedaría
bien.- Contesto sin pensar.- Pero eso no tiene nada que ver con esto.
-Lo tiene todo que ver. El astronauta y el ornitorrinco.
Otro silencio se abre entre nosotros, como si la tierra se
abriera distanciándonos cada vez más. Ella me mira a los ojos queriendo
mostrarme su sinceridad, pero yo solo veo que se está riendo de mí.
-Te lo explicare rápido. Pero no te vayas.- Vuelve a hablar
al ver que estoy a punto de dejarla ahí tirada sin ningún miramiento.- ¿Sabes
que es un ornitorrinco? Bueno, claro que lo sabes. ¿Pero sabes porque son tan
especiales?
-Yo que sé. ¡No me importa!- Mi paciencia está al límite y
estoy a punto de gritarle una serie de cosas que no debería decirle a nadie.
Pero ella se mantiene firme, solo me mira a los ojos y sin saber por qué vuelvo
a estar metido en su juego. Siempre tuvo esa capacidad.- No sé, porque tiene
pico y no es un ave.- Claudia sonríe, no sé si se ríe de mi o es que he
acertado.
-Algo así, pero mucho más. El ornitorrinco es un mamífero,
sin embargo tiene pico y patas como un pato. Además nace de huevos, algo que no
ocurre con otros mamíferos. Por si eso fuera poco son unos grandes cazadores
pero solo submarinos ya que tienen unos
sensores eléctricos en el pico. Y también son muy venenosos por un aguijón que
tienen en las patas.
-Gracias por la clase de biología. Si, son unos bichos súper
raros.
-Eso creía yo. Por eso me dediqué a investigarlos. Descubrí
cosas asombrosas sobre ellos, como que son una de las especies más adaptables
que existen.- Mira una vez más a su alrededor, entonces soy consciente de que
va a decirme lo que importa de verdad.- Mi abuelo también se había dedicado a
investigarlos y participó en un proyecto en Estados Unidos durante la Guerra Fría
en que se llevó uno al espacio para ver cómo reaccionaba. Yo he terminado su
proyecto de investigación con los restos de ADN que quedaban de ese animal y he
descubierto que en esa sangre modificada está la clave para curar todas las
enfermedades, o provocarlas, incluso quien sabe podría llegarse a la inmortalidad.
Me suelta todo eso sin darme tiempo siquiera a digerirlo.
¿En serio espera que me lo crea? Durante unos momentos mi cuerpo no se mueve,
esperando que me diga que todo se trata de una broma. Ni siquiera me ha explicado
que tiene todo esto que ver con que yo esté aquí.
-Anda y vete a cagar.- Contesto sin miramientos.
-¡Es la verdad!- Vuelvo a ver las lagrimas en sus ojos.-
Unos hombres han descubierto mis investigaciones y no pararán hasta que las
tengan. Por eso ideamos este plan, tú y yo, para protegerlo aunque te costara
tus recuerdos a corto plazo. Te di el ADN del ornitorrinco y lo ocultamos en un
sitio donde nunca mirarán.
Miro hacia mi pantalón y me acuerdo de que antes de irme del
hotel he guardado el dildo que tenía, la verdad es que no sé ni por qué lo he
hecho. Después mis ojos se encuentran con los de Claudia y lo único que quiero
es decirle que se vaya, que quiero volver a mi casa. No tengo un gran trabajo,
no tengo familia, pero tengo toda mi vida en Alicante y no entiendo por qué me
han sacado de ahí para gastarme esta broma de mal gusto.
Niego con la cabeza.
Mi mundo da vueltas.
-Mira Claudia, si esta es una venganza por lo que te hice,
te has pasado.
Me doy la vuelta y ella niega, noto como las palabras se le
atragantan. Al principio creo que es que no quiere que me vaya, luego siento un
fuerte golpe en la cara que duele como un infierno durante los pocos segundos
que mantengo la consciencia.
No sé cuánto tiempo ha pasado pero me despierto, mi cabeza
duele como un infierno. Miro a mí alrededor y veo un grupo de diez hombres
trajeados, tienen a Claudia amenazada con una pistola.
¡La hostia! En serio, ¿todo esto es verdad?
Estamos debajo de un puente, supongo que en las afueras, y
me parece que van a matarnos.
-Espabila.- Ordena el hombre que parece el líder, un tipejo
bajito, bastante mayor y con gafas de sol redondas de cristales pequeños.- Te
voy a explicar la situación con brevedad y tu vas a contestar si vas a
colaborar o no. Si no colaboras mataremos a la chica.
Me pongo de rodillas. Todo da vueltas. Yo solo quería estar
en mi casa, tranquilamente, me da igual lo que le ocurra a toda esta gente o a
la sangre de un animal raro.
-Tienes dos opciones: Dame la sangre del ornitorrinco y te
haremos olvidar todo lo que ha pasado; o niégate y moriréis. ¿Qué pre…
-Te la daré.- Contesto cortándole bruscamente. El hombre se
sorprende bastante mientras yo busco entre mi ropa el dildo. Lo coloco delante
de él.- No sé cómo pero está aquí guardado. Cogedlo y haced lo que queráis yo
no quiero tener nada que ver en esto.
El jefe sonríe y sus hombres parecen relajarse un poco. Le
hace un gesto a uno de ellos que se va hacia un coche. Sé que soy un cobarde y
que puede que nos maten ahora pero lo único que quiero es sobrevivir y volver a
mi vida normal.
El hombre vuelve con una lata de cerveza. Eso no me lo
esperaba.
-Tomate esto.- Me indica con calma. Yo trago saliva, no sé
si será veneno pero si no me lo tomo moriré de todas formas. Bebo a grandes
tragos sin siquiera pensarlo, toda la lata de un tirón. El efecto es
automático, se me sube a la cabeza tan rápido que acabo en el suelo de golpe.-
Perderás todos los recuerdos de este día, y te parecerá que tuviste una gran
borrachera. No volverás a saber de nosotros.
Mi cabeza ya está dando vueltas. Dirijo mi mirada hacia
Claudia, siento mucho haberla decepcionado pero yo no estoy hecho para estas
cosas. Sus ojos están fijos en mí, la sueltan antes de irse. Parece que no van
a hacerle nada después de todo, menos mal. Todo se vuelve borroso, pero lo
último que veo antes de perder el conocimiento es una sonrisa en sus labios.
No lo entiendo.
Intento mantenerme consciente, quiero saber por qué sonríe cuando
he hecho justo lo que ella no quería que pasara. Dijo que me había dado el ADN
y que estaba donde nunca lo encontrarían.
¿No estaba en el Dildo?
Finalmente solo queda oscuridad.
Supongo que nunca lo sabré.
El sonido del teléfono atraviesa mis oídos como si fuera un
taladro, mientras tanto mi cabeza lucha por recomponerse. ¿Dónde estoy? ¿Cómo
he llegado hasta ahí?

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