martes, 11 de julio de 2017

Por una maldita silla

Hola a todos.

En esta publicación de "Cuatro palabras" he decidido intentar salir del todo de mi zona de confort, poniéndome todas las complicaciones que he podido frente a lo que estoy acostumbrado. Este relato es muy diferente de lo que suelo escribir, pero la verdad es que considero que un gran escritor debe ser capaz de tocar todos los géneros posibles. Y en ese camino estoy.

El relato va dedicado a Jose. Espero que lo disfrutes.

Sus cuatro palabras fueron: Coche, mujeres, noche y viaje.


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Por una maldita silla. Una estúpida silla había sido la causante de, posiblemente, la peor noche que había vivido en toda mi vida. Si hubiese podido ir atrás en el tiempo y cambiarlo todo, creedme que lo haría.

Mi mujer y yo, tras cuatro años saliendo, habíamos decidido que era el momento de dar el gran paso, el paso que nos llevaría a pasar juntos el resto de nuestra vida. No soy el típico novio asustado, ni siquiera soy de esas personas que piensan que están perdiéndose muchísimo en la vida, es más, ni siquiera creía que pudiera conseguir otra chica si dejaba perder esta oportunidad. Selena era lo mejor que me había pasado en mi vida. Pero organizar la boda perfecta, la que ella se merecía era una tarea mucho más dura de lo que yo jamás habría imaginado. Cualquier detalle, por estúpido que pareciera, podría echar a perder lo que debía ser un día de cuento de hadas.

Ella nunca me pidió nada, la verdad, pero yo quería darle todo lo que ella quisiera, me había obsesionado por completo.

-Vamos a ir a por una silla, ¿en serio?- Preguntó Amy, mi mejor amiga, cuando le dije cual era el plan que tenía para mi despedida de soltero.- En lugar de quedar con un grupo de colegas, y montar una fiesta de la leche, tu maravilloso plan es ir conmigo a buscar un trozo de madera donde sentarte.

-No es tan simple. No es un trozo de madera sin más. Verás, el padre de Selena era carpintero, he encontrado donde está la última silla que hizo antes de morir. Sería genial que durante el banquete de bodas pudiera sentarse ahí.

-Pero está a diez horas en coche de aquí. Que te lo manden por correo.

-No, no llegaría a tiempo y podría pasarle cualquier cosa. Iremos, pasaremos la noche y volveremos mañana, todo será genial. Selena pensara que hemos ido a desfasar en mi despedida.- Suspiré y la miré con unos ojos llenos de súplica.- Por favor, te necesito a mi lado en esto.

Así fue como empezó, emprendimos el largo viaje para conseguir una… un trozo de madera donde poder sentarnos.

Empezamos nuestra travesía y todo fue sin ningún problema. Salimos al mediodía, ambos hemos sido siempre un desastre con los horarios y daba igual que hubiésemos quedado a las diez por la mañana. Pero daba igual, llegaríamos a tiempo. Nos fuimos turnando a lo largo del camino, procurando no dormir demasiado para que el otro no se sintiera solo en ningún momento. Era un viaje que jamás habría podido hacer yo solo.

Además, hacia bastante que no pasábamos un día así. Amy había sido como una hermana mayor para mí desde que yo podía recordar, siempre sacándome de los líos e impidiendo que hiciera estupideces, o haciéndome cometer algunas más cuando la vida era demasiado aburrida. De hecho, fue ella quien me presentó a Selena, no tengo muy claro por qué se conocían, creo que tenía algo que ver con mi futura cuñada. Estaba bien tener un viaje para reírnos y ponernos al día.

Pero quizá, esta vez debería haberme impedido hacer una estupidez.

-No, no, no. ¡Mierda de coche!- Los grito me despertaron, la verdad es que en comparación con lo que vino después aquellas eran las palabras más dulces que uno podía imaginar. El coche estaba dando tumbos y poco a poco nos estábamos parando junto al arcén.

-¿Qué ocurre?- Pregunté sobresaltado. Apenas me había dormido media hora, pero estaba claro que no era el mejor momento.

-Que estamos metidos en un lío. Hemos pinchado, no sé cómo, pero han reventado tres ruedas y dudo mucho que podamos seguir así.

-Eso es imposible.- Afirmé yo.- Ayer mismo los desinflé bastante para que no tuvieran tanta presión.

-¿Qué?

Nunca se me dieron bien los coches, pero tenía claro por la mirada de mi amiga que había hecho algo más. Sus palabras de después fueron la confirmación definitiva. Estuvo gritándome, prácticamente sin parar, durante dos horas.

Cuando finalmente se tranquilizó, aunque no dejó de recalcarme que todo eso estaba siendo una absoluta estupidez, empezamos a buscar una solución. Estábamos en medio de la carretera, los móviles apenas tenían cobertura, no había una gasolinera en varios kilómetros a la redonda y ya era muy de noche como para que pasaran muchos coches por allí. La situación no era nada favorable para nosotros.

Finalmente llegamos a la solución más simple, nos quedamos sentados junto al coche quejándonos de todo y esperando a que alguien apareciera para salvarnos.

-Bueno, tomando como referencia la mitad de las películas que he visto, esto parece una buena despedida de soltero. ¿No?- Quise hacerme el gracioso para animar la situación, pero nunca fui muy gracioso. Ella me miró y creo que en su cabeza estaba planeando mi asesinato, o quizá ya el funeral.

-Sólo me compensa saber que yo tenía razón. Nos volveremos a casa por fin.

-¿Qué? No. Necesitamos la silla.

-Si vuelves a mencionar la silla te comes mi puño.

-No, en serio.- Sabía que me la estaba jugando, cuando Amy amenazaba con darte un puñetazo, podías estar seguro de que te lo ibas a ganar.- Sé que la cosa se ve mal, pero necesito eso para que la boda sea perfecta.

La cara me dolió un infierno durante la siguiente media hora.

Por fin, no sé cuánto tiempo había pasado, pero apareció una furgoneta con pasajeros dispuestos a echarnos una mano. Montamos sin siquiera pensarlo, nos llevarían hasta un área de descanso, y ahí ya terminaríamos de decidir si volvíamos a casa o íbamos a por la silla.

Era un vehículo muy amplio, en él iba viajando un hombre con cuatro mujeres. El conductor, llamado Jimmy, era enorme y lleno de tatuajes, con una barba que le llegaba hasta la mitad del pecho. Por otro lado las chicas eran todas muy jóvenes, aparentarían entre catorce y dieciocho años, e iban muy calladas. La verdad es que no me había fijado, porque la situación era muy desesperada, pero aquella situación no era muy normal. Miré a mí alrededor y sentí como se podía oler el miedo. Esas chicas estaban aterradas, incluso alguna parecía estar al borde de la inconsciencia. Dirigí mi mirada hacia el conductor, yo iba sentado justo detrás de él pero podía verle a través del espejo. Aquel hombre no había abierto la boca salvo para preguntarnos si necesitábamos que nos llevara a alguna parte.

Ojala no me hubiera dado cuenta de todo eso, pero la verdad es que empezaba a estar un poco asustado. Miré a mi amiga, pero ella parecía estar de lo más tranquila, puede que aun enfadada conmigo.

Me armé de valor, sacándolo de lo más profundo de mí, y me dispuse a romper ese silencio.

-Bueno, ¿Hacia dónde viajáis?- Pregunté finalmente. Las chicas no parecían muy interesadas en lo que yo tuviera que decir, o a lo mejor tenían miedo de decir nada.

-Mis chicas y yo estamos viajando por todo el país.- Respondió Jimmy.- Está costando mucho, y ellas acaban agotadas pero está saliendo bien.- Los ojos se clavaron en las chicas a través del cristal del retrovisor.- De hecho deberían descansar. Mañana tienen mucho trabajo.

Aquellas muchachas estaban aterradas, no abrieron la boca, solo asintieron y cerraron los ojos. Unos pocos minutos después parecía que todas se habían quedado dormidas.

No podía quedarme ahí con los brazos cruzados, no después de lo que estaba viendo. Miré a mí alrededor y vi en el suelo un trozo de hierro. Dios mío, incluso tenía armas en el vehículo. Agarré la barra sin que se dieran cuenta y esperé pacientemente mi ocasión.

Llegamos a un semáforo y cuando el coche estaba completamente parado alcé la barra y le golpeé en la cabeza con suficiente fuerza como para dejarle inconsciente. Sabía que no tenía suficiente fuerza como para matarle, pero cayó redondo cuando recibió el impacto.

Amy me miró aterrada, no era la mirada que esperaba que le dirigieran a un héroe, pero supongo que la situación era muy tensa.

-¡¿Pero a ti que cojones te pasa?!- Preguntó furiosa conmigo.

-¡Salvar a estas chicas de este proxeneta!- Grité sin una pizca de arrepentimiento en mi voz. Abrí la puerta del vehículo de par en par. Las chicas parecían estar dormidas a pesar del ruido que estábamos haciendo. Me acerqué y zarandeé a la chica que parecía mayor hasta que abrió los ojos.- Ya estáis a salvo.

La chica se frotó los ojos y miró hacia adelante.- ¿Ya hemos llegado papa?- Preguntó dirigiendo su mirada hacia el conductos.- ¡Papá!- Me apartó de un empujón a la vez que se desabrochaba el cinturón de seguridad y se lanzó hacia Jimmy.

El resto de las chicas se levantaron por el ruido y fueron directas hacia el hombre que yacía inconsciente. Todas trataban de ver como se encontraba y repetían esa palabra, “papá”, una y otra vez.

-¿Papa?- Pregunté intentando asimilar la situación.- Que desgraciado, pervertido, ¿Cómo puede obligar a estas chicas a llamarle así?

-¡Es su padre pedazo de imbécil!- Gritó Amy completamente frustrada.

El mundo se me cayó a los pies y sentí como empezaba a tener un ataque de ansiedad. Abrí la ventanilla, pero antes de asomar la cabeza vacíe el contenido de mi estómago en una de las bolsas que había en los asientos traseros.

-Pero… ¿Cómo iba a saberlo? El silencio, la tensión, nadie ha abierto una palabra en todo el viaje.

-Todos hemos hablado.- Contestó mi amiga. Ahora sí que podía ver el miedo reflejado en la cara de las niñas.- Jimmy y sus hijas viajan por todo el país para participar en unos castings de talentos, bailan, hacen malabares y otras cosas raras.

-¿Y por qué yo no me he enterado?

-¡Porque te quedaste dormido idiota! Si tiene una foto en la que sale él con su mujer y las niñas en el salpicadero.

-¿Y las caras que traían?

-Son las cinco de la mañana pero no queríamos dejar a papa solo.- Contestó la mayor.- Estábamos cansadas. ¿Por qué te iba a recoger en medio de la carretera un proxeneta?

-En mi defensa, debo decir que las pintas que tiene son muy sospechosas.

Esas fueron las últimas palabras que dije antes de que todas las mujeres de ese coche se abalanzaran sobre mí. Incluso pude ver como mi amiga me asestaba varios puñetazos sin piedad.



-Y por eso estoy aquí señor agente.- Contestó el preso desde el asiento trasero del coche patrulla.- Espero que tengan un poco de compasión. El tema de la boda está resultando muy estresante.

Los dos policías se miraron y empezaron a reírse. Aquel hombre había atacado a un hombre por sorpresa y había intentado secuestrar a sus hijas, no se merecía una respuesta.

El sonido de un teléfono rompió el silencio.

-Señores, eso ha sido un mensaje. ¿Serían tan amables de leérmelo?

Uno de los agentes estiró su brazo hasta alcanzar las bolsas con los bienes personales del detenido y extrajo el teléfono al que apenas le quedaba batería pero seguía funcionando.

El policía leyó el mensaje y no pudo evitar soltar una carcajada.- Es tu futura mujer.- Afirmó tratando de mantener la compostura de manera inútil.- Dice que ha encontrado un página web donde venden la última silla que hizo su padre y que se la van a llevar para que pueda usarla en la boda.



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