Aquí traigo la nueva publicación de "Cuatro palabras" que en este caso va a ir dedicado a Arantxa. Parte de lo que originó todo esto es que pueda practicar cada vez más como escritor, así que en este caso he decidido probar con algo que no es mi fuerte, los diálogos. Aun así espero que os guste a todos, y en especial a Arantxa.
Las palabras eran: Espejo, mariposa, color y tomate.
-------------------------------------
-Sí, quédate así.- Dijo mientras sujetaba el pincel en
vertical con la mano izquierda. Habían tardado varias horas en cuadrarlo todo,
mucho más de lo que debería, pero al final tenía la postura perfecta. Mientras
tanto, utilizando la otra mano, daba forma a un boceto en el lienzo.
La chica estaba bastante abrumada, cuando le ofrecieron el
trabajo de modelo se temía lo peor, pero nunca se habría imaginado algo así.
Con todo el esfuerzo que les había costado llegar a ese punto tenía miedo de
respirar demasiado fuerte y que la magia se desvaneciera para siempre.
Analizó toda la habitación con la mirada, sin mover un
milímetro la cabeza. Era un estudio pequeño en el que se podían ver lienzos
pintados por todas partes, algunos de ellos eran muy buenos pero no parecían
pasar los mínimos que exigía el pintor.
Escuchó un carraspeo
repentino que la sacó de su ensimismamiento, se sobresaltó y el tomate cayó de
su mano izquierda.
-Lo siento, lo siento, lo siento.- Se disculpaba mientras
estiraba el brazo para coger el alimento del suelo.
Un silencio incómodo invadió la habitación. Él se puso de
pie y empezó a andar de un lado para otro, su ansiedad era palpable.
-Si no te vas a tomar esto en serio tal vez sería mejor que
te fueras.
-No, no, por favor. Necesito el dinero.- Las palabras
brotaron de sus labios a toda velocidad. Sin embargo no tuvieron la respuesta
que esperaba. El ceño del artista se frunció y su mirada solo reflejaba un
absoluto desprecio hacia la modelo. Se acercó, mucho más de lo que se podía
considerar normal socialmente hablando.
-Eso es esto para ti, ¿verdad? No es más que un trabajo.-
Lanzaba las palabras como dagas, tratando que cada una la hiriese en lo más
profundo.- Pues entonces estoy convencido de que deberías irte.
-No, escúcheme por favor. Deme una oportunidad más. Quizá si
me explica qué es lo que pretende hacer pueda apreciarlo mejor.
Otro silencio más. El hombre apoyó el índice y el pulgar en
la barbilla, rascando su incipiente barba. La miró de arriba abajo. Después
asintió, sin decir nada más, y se dirigió hacia una de las paredes donde
descansaba algo enorme cubierto por una manta raída de color gris. Tiró con el
brazo y dejó a la vista un inmenso espejo de cuerpo entero. Se giró hacia la
modelo nuevamente y le hizo una seña para que fuera hacia él. Ella se acercó
sin rechistar, no sabía lo que pretendía pero no podía ser nada tan malo, o eso
pensaba.
Se encontró frente a sí misma, con esa extravagante ropa que
le había hecho ponerse. Era un vestido largo, de cuello alto. Hasta ahí era
normal. Era extremadamente tapado en la parte de arriba y no dejaba siquiera
entrever su silueta femenina. En la parte de abajo, desde la cintura, era muy
diferente. Estaba abierto por la parte de adelante a la mitad y por los
laterales, de manera que parecía que en cualquier momento iba a quedar
destapada, pero nunca era así. Sus colores no pasaban desapercibidos, pues
estaba lleno de círculos dentro de más círculos, cada uno de un color. Pero sin
lugar a dudas lo que más destacaban eran las mangas, eran largas, con mucha más
tela de la que aparentemente necesitaban, y cuando estiraba los brazos parecían
formar dos alas que llegaban desde la muñeca hasta debajo de las costillas. No
era su estilo para nada.
Él hizo lo mismo, miró de arriba a abajo el reflejo,
confirmando que lo que había creado era lo mismo que estaba en su cabeza.
-¿Qué ves?-
-Una chica con un vestido.- Contestó ella sin plantearse las
cosas demasiado.- Sujetando un tomate.- Añadió cuando notó como los ojos del
pintor se clavaban en ella.
-Eres demasiado simple.- Él se puso detrás de ella y empezó
a colocarla sin decir nada.- Es algo bueno, no quería una chica muy compleja,
ni una que se creyera que todo giraba en torno a ella.- Le estiró el brazo
izquierdo, en el que sujetaba la fruta, como si lo estuviera cogiendo de un árbol,
mientras también extendía el derecho apuntando hacia el suelo.- Quería que mi
modelo fuera alguien mundano, a quien yo pudiera transformar en arte.- Acercó
un taburete e hizo un gesto para que se sentara. Una vez apoyada, empezó a
colocarle las piernas y el vestido. Cuando terminó la chica tenía las piernas
ligeramente cruzadas y en lateral, la falda caía por el taburete cubriéndolo de
manera que si no lo supiera parecería que estaba flotando.- Pero no dejes que
tu simpleza general te impida ver lo importante. ¿Qué ves?
Esta vez se tomó su tiempo. Sus ojos pasaron por cada
centímetro del vestido, por cada parte de su cuerpo y de la imagen que había
ante ella. Al principio miraba de un lado a otro y luego siguiendo las
diagonales.
-Veo cosas. Pero no las entiendo.- Afirmó, esta vez mucho
más seria y decidida. El artista asintió e hizo un gesto colocando la palma de
la mano hacia arriba, instándola a hablar.- Las mangas del vestido, y la falda,
parecen unas alas abiertas, como si estuviera surgiendo de algún sitio y
quisiera emprender el vuelo. Como… Bueno, esto puede parecer una estupidez…
-No.- Interrumpió bruscamente y ella volvió a sobresaltarse,
pero esta vez consiguió que no se le cayera el tomate.- Cuando describas algo,
en los momentos que estés expresando las ideas que se reflejan ante ti, nada es
una estupidez. Solo el que no sabe apreciar una idea lo considera así.
Continúa.
-Está…Está bien.- Se mordió el labio. Estaba nerviosa, y sin
embargo sentía una extraña seguridad en sí misma.- Parece una mariposa alzando
el vuelo. Quizá por los colores del vestido, o el tipo de alas que se forman.-
Miró al hombre que estaba junto a ella esperando su aprobación. Prácticamente
estaba conteniendo el aire hasta que él asintió y un gran alivio recorrió su
cuerpo.- Pero no entiendo por qué. Y tampoco logro comprender el tomate.
Parecía sorprendido. Seguía mirándola, pero esta vez sus
ojos reflejaban una duda, se planteaba si aquello estaba bien, si realmente se
captaba lo que quería mostrar al mundo con su arte. La modelo esperaba, ya se
había acostumbrado a aquellas pausas tan molestas, así que se lo tomó con calma
mientras él recapacitaba todo lo que fuera necesario.
Por su cabeza pasaron toca clase de ideas. Desde el día en
que empezó en la escuela de arte hasta el momento en que se fue cuando estaba
cansado de pintar lo que otros querían y ser evaluado según criterios que no
eran los suyos. Tras lo que parecieron varios minutos, terminó de recapacitar,
recordó que su público era aquel que entendiera su arte, aunque en ocasiones
fuera sólo él mismo.
-Los tomates son frutas.- Contestó al final. Ella arqueó una
ceja, no era la respuesta que esperaba.- Voy a plasmarte a ti. No estoy
pintando a una mujer que parece una mariposa, ni tampoco a una chica con un
vestido. Solo a ti.
-¿Qué tiene eso que ver con que el tomate sea una fruta?
¿Soy un tomate?
-No.- El pintor parecía bastante molesto porque le
interrumpieran.- Eres una chica, una gran mujer, pero que a simple vista parece
simple y todo el mundo que te ve lo piensa. Sin embargo yo pinto lo que he
visto cuando mis ojos te vieron. Un tomate es una fruta, aunque la mayoría de
gente piense que se trata de una verdura. Una oruga puede ser una hermosa mariposa
llena de color, aunque en un primer momento solo se vea un asqueroso gusano.-
Ella arqueó una ceja sin saber muy bien como tomarse aquella afirmación.-
Aunque lo pongas delante de sus narices, seguirán viendo la oruga, por más que
se lo repitas seguirán viendo el tomate. Pero nada es tan simple, y tú tampoco.
Quiero reflejar como tu esencia es igual, no eres simple, solo tienes que
llegar a ver tú misma la grandeza que refleja el espejo.
Ella volvió a mirarse. Y, una vez más, trató de analizarse,
pero intentando no utilizar sus ojos, sino la mirada que le acababan de dar. Vio
todo lo que le decía, vio la contraposición entre lo que se veía y lo que se
creía, observó un mundo entero al otro lado del espejo, un mundo que merecía
quedar grabado en la eternidad.
-Lo entiendo.- Afirmó ella con una sonrisa.- Déjeme posar
una vez más, esta vez le mostraré yo misma lo alto que vuela esta mariposa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario